Sisi, Emperatriz Contra Su Voluntad by Brigitte Hamann

Sisi, Emperatriz Contra Su Voluntad by Brigitte Hamann

Author:Brigitte Hamann
Language: es
Format: mobi
Tags: sf_history
Published: 2011-04-19T22:00:00+00:00


Sisi pasaba la mayor parte del año en Hungría o en Baviera con su hija menor, y dejaba en manos de Francisco José todos los deberes de representación, lo que era motivo de interminables críticas. Crenneville, por ejemplo, escribe el Jueves Santo de 1869 en su diario: «¡Asistencia a la iglesia y lavatorio de pies por S.M. [su majestad] solo, ya que la reina reside en Ofen!».

Una y otra vez, la emperatriz decepcionaba a los vieneses por sus desaires al no asistir a los grandes acontecimientos.

En mayo de 1869, por ejemplo, fue inaugurado el nuevo teatro de la Ópera, uno de los más bonitos y costosos edificios de la Ringstrasse. Con la mayor ilusión, los arquitectos habían hecho construir y decorar un salón especial para la emperatriz. Era de estilo Renacimiento, con paredes recubiertas de seda violeta y ricos adornos dorados. Todo había sido preparado teniendo en cuenta los gustos de Sisi: en las paredes se veían gigantescos paisajes de Possenhofen y del lago de Stamberg, y la lujosa mesa llevaba grabadas las iniciales de Elisabeth. Cubrían el techo tres pinturas con temas tomados de Oberón, de Weber. En la pintura central aparecían Oberón y Titania como soberanos del reino de las hadas, en una carroza en forma de concha y tirada por cisnes, lo que constituía una fina referencia al drama favorito de Elisabeth, el Sueño de una noche de verano y su mundo de hadas, al que también dio vida Weber en su Oberón. Dado que Elisabeth no se interesaba demasiado por la música (salvo por la de los gitanos húngaros), era necesario ese rodeo a través de la literatura, que a su vez demostraba el esfuerzo realizado por los artistas en el «salón de la Emperatriz».

La fecha de inauguración de la nueva Ópera vienesa fue retrasada a causa de Elisabeth, que de nuevo permanecía en Budapest más tiempo del previsto. Como si la construcción del teatro no hubiese producido ya suficientes problemas (la crítica general les había costado la vida a los dos arquitectos: Van der Nuil se suicidaba un año antes de la inauguración, y Siccardsburg moriría meses más tarde a consecuencia de los disgustos), la emperatriz se permitió causar todavía más trastornos con la fecha de la inauguración, retrasada por respeto a ella. Pese a haber dado su conformidad y encontrarse en Viena, poco antes del comienzo del Don Juan, obra elegida para la apertura, se disculpó pretextando una «indisposición» muy poco creíble.

Después de ese escándalo, Elisabeth trató de calmar los excitados ánimos asistiendo —por primera vez desde hacía siete años— a la procesión del Corpus. La esposa del embajador belga escribió a Bruselas: «El pueblo estaba ya furioso. Creo que, de no participar ella esta mañana en la procesión, se hubiese producido un levantamiento». Elisabeth tuvo que estar junto a la catedral de San Esteban a las siete de la mañana, vestida de toda gala. Lucía un vestido de color malva, bordado en plata y adornado con diamantes, y su peinado era muy complicado.



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