Los Papeles De Agua

Los Papeles De Agua

Author:Antonio Gala
Language: es
Format: mobi
Tags: Narrativa romantica
Published: 2010-03-28T00:00:00+00:00


Han pasado apenas unos cuantos días, y ha dado el mundo una vuelta de campana para mí. Venecia, la primera. Le debo un desagravio. Cuando llegué y algún tiempo después, sólo al suicidio me invitaba: es una ciudad llena de oportunidades para él. Me refiero, más aún que a los canales, a las callejas silenciosas, a las plazuelas aisladas donde nadie te ve ni te roza ni te compadece. La miraba como si me la bebiera, igual que un enfermo grave sólo cuenta la vida que pierde. Una vida que resbalaba por las fachadas, sobre los leones y las estatuas frías; que nadaba en las aguas oscuras y parpadeaba en los mosaicos. Me movía a lo tonto en una ciudad a la que la gente viene a gozar en compañía, a admirar, a divertirse, a pasar sus vacaciones o sus lunas de miel. (Qué obsesión tengo con las lunas de miel.) Y yo estaba vacía y sola, sola, sola (qué obsesión también la de la soledad, caramba), rodeada de escorias y desastres, de recuerdos amargos: lo único que quedaba de mi vida. Sin deseos, sino todo lo contrario, de asomarme a otras vidas, de investigar en ellas, de participar, de plantearme ni una novela ni un cuento ni dos frases seguidas... Cuánto he tenido que esforzarme para escribir aquí... Me repetía: «Nunca habrás encontrado una ciudad tan visitada por el amor, acaso ni París, y tan desentendida del amor: del amor y de todo lo que no sea dinero: lo mismo que París. Una ciudad acabada en sí misma, ensimismada y hermosa sobre sus pedestales, como la escultura de una divinidad lejana, ajena a mí por completo: una diosa endiosada, sólo preocupada en serio por su propio futuro.» Un futuro del que yo carecía.

Y ahora se ha convertido en la ciudad de mi renacimiento. Ha sacudido mis adormecidas fuerzas vitales. Se ha vuelto real en ella lo pintado; vibran los colores y me empujan; me obliga a formar parte también de su ballet. Miro extasiada el Gran Canal, su S mayúscula, lenta y cambiante y viva, desde el cardenillo de la cúpula de San Simeone Piccolo a la plata de la cúpula de la Salute... Y las venas, latiendo, confluyentes en su arteria, o al contrario, los canales donde se distribuye la sangre principal... Y la gente que aparece de pronto desde las esquinas, y se afana un momento y vuelve a desaparecer. Y los tres puentes que la salvan y me salvan: el de los Descalzos, el último, fino como un milagro; el de la Academia, reciente y viejo a la vez, y el Rialto, igual que un monte sobrehabitado y resonante.

Acato emocionada la monarquía de la luz, y sé por qué: la luz que baja y la que sube desde el agua, reflejado por el escardillo del sol o de la luna. Y su tenaz empeño en demostrar que quienes la pintaron dijeron la verdad: una nube que vela el tenue sol; el sol radiante que atraviesa otra



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