Una cierta angustia(c.2) by Eric Ambler

Una cierta angustia(c.2) by Eric Ambler

Author:Eric Ambler
Language: es
Format: mobi
Published: 2012-01-27T00:03:37.809896+00:00


Capítulo 5

1

Faltaba muy poco para las diez y yo me estaba tomando mi segundo café.

Había decidido quedarme en mi habitación durante casi toda la mañana y después ir a coger el coche y comprarme un sombrero. Estaba seguro que Skurleti estaría fuera trabajando en su lista de casas; y, como yo le había dado dos direcciones en Cagnes, había una posibilidad de que su visita a dicho lugar coincidiese con mi cita con Lucía. Si por casualidad me veía pasar conduciendo, un sombrero haría que fuera más difícil de reconocerme. También podía ponerme gafas de sol, pero lo haría únicamente si, sabia decisión por mi parte, despejaba la niebla matutina y salía el sol.

Lo último que había llevado en la cabeza había sido una gorra de escolar en Inglaterra. Me preguntaba vagamente qué tipo de sombrero me compraría (fieltro o paja, bueno o barato, de color claro u oscuro) cuando sonó el teléfono.

El sonido del aparato me hizo dar un salto. La única persona que sabía que yo estaba allí era Lucía y no esperaba su llamada. Es más, Lucía ni siquiera sabía que había tenido que inscribirme con mi propio nombre. Ella hubiera preguntado por Pierre Mathis y luego comprobaría que...

Eché mano del aparato y dije:

—¿Diga?

—¿Monsieur Maas? —era el telefonista del hotel—. Hay una llamada para... —se interrumpió bruscamente—. Lo siento —dijo en tono de disculpa—, la persona que llamaba no esperó.

—¿Qué persona?

—No dio el nombre.

—¿Hombre o mujer?

—Hombre, Monsieur.

—¿Cómo era la voz? ¿Era francés?

—Sí, sí. Un marsellés, quizás.

—¿Pidió hablar conmigo?

—Preguntó si estaba usted en el hotel. Yo no lo sabía, y tuve que mirar la lista. Cuando vi su nombre, le dije que iba a llamar a su habitación, pero no esperó. Si vuelve a llamar...

—Sí, claro. Muchas gracias.

Evidentemente, el corresponsal de Marsella había recibido la orden de telefonear a todos los hoteles. Ahora había encontrado el que buscaban y había colgado rápidamente para no ponerme sobre aviso.

Tenía que irme, que irme rápidamente. Si todavía estaban en Mougins, tenía tiempo más que suficiente. Si ya se habían trasladado a Niza, las cosas iban a resultar muy difíciles.

No me había afeitado, ni siquiera me había lavado la boca. Me puse apresuradamente la misma ropa que me había puesto el día anterior, metí el resto de mis cosas en la maleta y bajé las escaleras. No debió llevarme más de cinco o seis minutos. Me llevó otros cinco esperar a que me hicieran la cuenta y pagar.

Era inútil esperar coger un taxi rápidamente frente al hotel. Atravesé corriendo la calle y seguí a lo largo del Quai Papacino. Me sentía horriblemente desamparado. Había un transbordador amarrado allí con un enorme letrero en la popa: "ATTENTION AUX HELICES". Me pareció una indicación muy adecuada. Cuando llegué a una callejuela lateral con una señal de dirección prohibida, me metí por ella inmediatamente. Ahora me estaba alejando del puerto y no podían utilizar el coche para seguirme por aquella calle. En la Plaza Garibaldi cogí un taxi que me llevó al primer hotel donde había estado, el que se hallaba cerca de la estación.



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