Las egipcias by Christian Jacq

Las egipcias by Christian Jacq

Author:Christian Jacq
Language: es
Format: mobi
Tags: Historia
Published: 2011-01-17T23:00:00+00:00


32. EL SORPRENDENTE MATRIMONIO DE LA DAMA SENET-ITES Y OTRAS UNIONES INSÓLITAS

UN MATRIMONIO INESPERADO

Ella se llamaba Senet-ites, «la hermana de su padre», y vivía en el Imperio antiguo, probablemente durante la IV dinastía, la de los constructores de las tres pirámides de la llanura de Gizeh. La dama Senet-ites era bella, elegante y tenía clase; era sacerdotisa de las diosas Hator y Neith, solía llevar una peluca negra y un vestido ceñido de mangas largas.

¿Cuántos pretendientes le habían pedido matrimonio? Ella era un «buen partido» y podía aspirar a una vida larga y feliz junto a un marido afortunado.

El príncipe encantador no dejó de presentarse ni de conquistar el corazón de la dama. Se llamaba Seneb y desempeñaba altas funciones: jefe del guardarropa real y sacerdote agregado al culto del alma de dos faraones, Keops y Yedefre.

Todo iba a pedir de boca en el mejor de los mundos y los padres de Senet-ites deberían haberse alegrado. Un detalle, sin embargo, podía ser motivo de inquietud y hasta de disconformidad: ¡Seneb era un enano!

Ese impedimento no alteró los planes de la hermosa Senet-ites; la pareja vivió feliz, tuvo hermosos hijos y llevó una existencia apacible.

Se ha conservado una célebre representación de la familia, un grupo escultórico que inmortaliza a la sacerdotisa y a su marido, sentado como escriba, con las piernas cruzadas, al igual que las manos, que mantiene cruzadas a la altura del plexo. El torso se ve musculado e imponente; el rostro, grave y recogido, la mirada perdida en la lejanía. Su esposa sonríe relajada y serena mientras su brazo derecho lo enlaza tiernamente. En el lugar donde deberían haberse esculpido las piernas del padre, de haber estado en pie como Senet-ites, el escultor talló dos niños, un niño y una niña, desnudos y regordetes, con el índice sobre la boca para subrayar que son callados y obedientes. El pelo trenzado les cae a un lado de la cabeza formando el llamado «mechón de la infancia», que probablemente se cortaba en la pubertad.

La escultura, en piedra calcárea pintada,[93] estaba protegida por un pequeño naos, y fue descubierta en la tumba familiar, en Gizeh. El jefe de todos los enanos del palacio, Seneb, era un hombre rico; muchos escribas trabajaban para él, era dueño de barcos, burros, cabras, ovejas y numerosas cabezas de ganado. Se desplazaba en silla de manos y le gustaba pasear en barca por las marismas del Delta en compañía de su mujer y de sus hijos.

Los enanos estaban completamente integrados en la sociedad egipcia, ejercían diversos oficios y, como hemos constatado, podían ocupar un rango elevado en la jerarquía.

Es igualmente conmovedora la estatuilla de madera, de factura muy realista,[94] que representaba a una enana, desnuda, sosteniendo a su bebé contra el pecho izquierdo. La anatomía de la mujer es vigorosa: mentón cuadrado, mejillas llenas, vulva bien marcada y piernas anormalmente cortas. Esta enana fue probablemente una nodriza que contaba con la plena confianza de su señora.



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