La huida(c.1)

La huida(c.1)

Author:Allan Folsom
Language: es
Format: mobi
Tags: thriller
ISBN: 9788492429134
Published: 2003-12-31T23:00:00+00:00


33

Viry-Châtillon, Francia. Miércoles, 15 de enero.

Sol fuerte y frío después de la lluvia. 11:30 h

La gente se agolpaba a lo largo de las dos orillas del río, contemplando en silencio cómo el cable metálico de la grúa se tensaba y un Citroën blanco de dos puertas, con las ventanillas abiertas, era arrastrado fuera del agua hasta el terraplén. No hacía falta preguntarse si había alguien dentro. Los submarinistas de la policía ya lo habían confirmado.

Nicholas Marten se acercó un poco más hasta quedarse justo detrás de Lenard y Kovalenko mientras los submarinistas tiraban de la puerta del conductor. Al abrirla, el agua pantanosa salió a presión y luego un grito ahogado surgió cuando la gente que estaba más cerca pudo ver lo que había dentro.

—Oh, Dios mío —susurró Marten.

Lenard bajó solo hasta el terraplén y estudió la situación; luego retrocedió e hizo un gesto hacia el equipo técnico, y ellos y el jefe de la policía de Viry-Châtillon, cuya patrulla de agentes habían encontrado el coche colgado de una roca que sobresalía del río más abajo, bajaron hasta el Citroën. Lenard miró todavía un momento y luego volvió a subir, mirando a Marten:

—Lamento que haya tenido que verlo. Debía haberlo mantenido más atrás.

Marten asintió a medias. Abajo podía ver a Kovalenko agachado, estudiando el cadáver. Unos segundos más tarde se levantó y se les acercó, con la fría brisa del río azotándole el pelo. Marten podía leer en su expresión y en la de Lenard que, igual que él mismo, no habían visto nunca algo parecido a lo que había dentro del coche.

—Si le sirve de algún consuelo —dijo Kovalenko a media voz y con su fuerte acento ruso—, con todo lo brutal que ha sido, parece que se lo han hecho con mucha rapidez. Como en el caso del detective Halliday, el corte en la garganta es recto y profundo hasta la columna. Diría que las otras heridas son posteriores. Si ha habido lucha, habrá sido breve y previa, de modo que tal vez no haya sufrido.

Kovalenko miró a Lenard mientras los submarinistas se apartaban y el equipo científico se disponía a trabajar.

—Parece como si se lo hubieran hecho dentro del vehículo y luego el criminal hubiera bajado las ventanas y hubiera hecho caer el coche al río con la esperanza de que se hundiera —explicó Kovalenko—. La corriente lo ha arrastrado y lo ha llevado río abajo hasta que se ha quedado atascado en las rocas.

De pronto, la radio de Lenard empezó a crujir y el detective se volvió para contestar.

—¿Lo ha arrastrado desde dónde? —dijo Marten, mirando a Kovalenko.

—El Citroën ha caído al río unos cuantos kilómetros más arriba, cerca de Soisy-sur-Seine. Lo sé porque he seguido al señor Ford hasta allí desde su casa.

—¿Le ha seguido?

—Sí.

—¿Por qué? Si era periodista.

—Me temo que eso es asunto mío, señor Marten.

—¿Y era también asunto suyo dejar que esto ocurriera? —Los ojos de Marten se dirigieron furiosos hasta el Citroën, y luego otra vez a Kovalenko—. Si estaba usted allí, ¿por qué no hizo nada para impedirlo?

—La circunstancia escapaba a mi control.



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