Elogio De La Estupidez by Erasmo De Rotterdam

Elogio De La Estupidez by Erasmo De Rotterdam

Author:Erasmo De Rotterdam
Language: es
Format: mobi
Published: 2010-08-26T23:00:00+00:00


LIV

Parecida a la felicidad de éstos es la felicidad de quienes así mismos comúnmente se designan religiosos y monjes. Los dos nombres son indudablemente falsos, ya que la mayoría de ellos viven alejados de la religión, y en todas partes a nadie se encuentra más. No imagino que hubiera gente más desgraciada que ellos, si yo no los auxiliara de muchas formas. Esta clase de hombres es tan mal vista que el simple encuentro casual con uno de ellos es considerado como señal de mala suerte; no obstante, ellos están muy conformes consigo mismos. En primer lugar, porque piensan que la mejor forma de piedad es estar tan alejados de la educación, al punto que no saben ni leer. Luego, cuando en la iglesia cantan los salmos, rebuznando como burros, repitiéndolos de memoria, sin entenderlos, creen que agradan los oídos de los coros celestiales. A su vez, algunos de ellos explotan su suciedad y mendicidad, pidiendo posadas, carruajes y barcos con gran perjuicio de los otros pobres. Así es como estos hombres tranquilos, mugrientos, ignorantes, ordinarios y desvergonzados pretenden ofrecernos la imagen de los apóstoles.

¿Hay algo más divertido que ver cómo todo lo hacen por obediencia, como si se guiaran por unas leyes matemáticas que sería sacrílego transgredir? Por ejemplo, miden el número de nudos del calzado, el color del cíngulo, la clase de colores del hábito, la largura de la correa, la forma y la capacidad de la cogulla, cuántos dedos de ancha la tonsura, cuántas horas de sueño. ¿Quién no ve la desigualdad en esa supuesta igualdad, con tanta variedad de cuerpos y de aptitudes? Gracias a estas pequeñeces, no sólo se creen superiores a los demás, sino que se desprecian unos a otros. Hombres que hacen profesión de caridad apostólica declaran la guerra a quienes llevan el hábito más o menos ceñido, o de un color un poco más oscuro. Verás a algunos tan austeros en su obediencia religiosa que sólo visten por fuera un cilicio, y por debajo finísima lana milesia; por el contrario, otros por fuera visten de lino, y de lana debajo. También verás a otros a quienes horroriza el simple contacto del dinero, como si se tratara de un veneno, pero no se privan del vino y de las mujeres.

En resumen, todos ellos se esfuerzan por vivir su propia vida, sin preocuparse por parecerse a Cristo, y sí por diferenciarse de los demás. Por lo tanto, ponen gran parte de su felicidad en los nombres que los distinguen. Unos se complacen en llamarse los del cordón (franciscanos) y entre éstos los hay recoletos, menores, mínimos, observantes. Otros se llaman benedictinos, bernardos, brigidenses, agustinos, guillermistas y jacobitas, como si no alcanzase con ser cristianos. La mayoría de ellos creen tanto en sus ceremonias y pequeñas tradiciones que piensan que un cielo es poca recompensa para sus grandes méritos. No se percatan que Cristo, repudiando todo esto, sólo se fijará en si han cumplido su único precepto, el de la caridad. Un fraile le mostrará



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