Don Y Misterio by Juan Pablo Ii

Don Y Misterio by Juan Pablo Ii

Author:Juan Pablo Ii
Language: es
Format: mobi
Tags: literature
Published: 2010-04-11T22:00:00+00:00


V

ROMA

Noviembre pasaba de prisa: era ya el tiempo de partir hacia Roma. Cuando llegó el día establecido, subí al tren con gran emoción. Conmigo estaba Stanislaw Starowieyski, un compañero más joven que yo, que debía realizar todo el curso teológico en Roma. Por primera vez salía de las fronteras de mi Patria. Miraba desde la ventanilla del tren en marcha ciudades que conocía únicamente por los libros de geografía. Vi por primera vez Praga, Nuremberg, Estrasburgo y París, donde nos detuvimos siendo huéspedes del Seminario Polaco en la "Rue des lrlandais''. Reemprendimos pronto el viaje, porque el tiempo apremiaba y llegamos a Roma los últimas días de noviembre. Aquí aprovechamos inicialmente la hospitalidad de los Padres Palotinos. Recuerdo que el primer domingo después de la llegada me acerqué, junto con Stanislaw Starowieyski, a la Basílica de San Pedro para asistir a la solemne veneración de un nuevo Beato por parte del Papa. Vi desde lejos la figura de Pío XII, llevado en la silla gestatoria. La participación del Papa en una Beatificación se limitaba entonces a la recitación de la oración al nuevo Beato, mientras que el rito propiamente dicho era presidido en la mañana por uno de los cardenales. Esta tradición se cambio a partir de Maximiliano María Kolbe, cuando en octubre de 1971 Pablo VI ofició personalmente el rito de Beatificación del mártir polaco de Auschwitz, durante una Santa Misa concelebrada con el Cardenal Wyszynski y con los obispos polacos, en la cual yo también tuve el gozo de participar.

"Aprender Roma"

No podré olvidar nunca la sensación de mis primeros días "romanos" cuando en 1946 empecé a conocer la Ciudad Eterna. Me inscribí en el "biennium ad lauream" en el Angelicum. Era Decano de la Facultad de Teología el P. Ciappi, O.P., futuro teólogo de la Casa Pontificia y cardenal.

El P. Karol Kozlowski, Rector del Seminario de Cracovia, me había dicho muchas veces que, para quien tiene la suerte de poderse formar en la capital del Cristianismo, más aún que los estudios (¡un doctorado en teología se puede conseguir también fuera!) es importante aprender Roma misma. Traté de seguir su consejo. Llegué a Roma con un vivo deseo de visitar la Ciudad Eterna, empezando por las Catacumbas. Y así fue. Con los amigos del Colegio Belga, donde habitaba, tuve la oportunidad de recorrer sistemáticamente la Ciudad con la guía de conocedores expertos de sus monumentos y de su historia. Con ocasión de las vacaciones de Navidad y de Pascua pudimos acercarnos a otras ciudades italianas. Recuerdo las primeras vacaciones cuando, guiándonos por el libro del escritor danés Joergensen, fuimos a visitar los lugares vinculados a la vida de San Francisco.

De todos modos, el centro de nuestra experiencia era siempre Roma. Cada día desde el Colegio Belga, en vía del Quirinale 26, iba al Angelicum para las clases, parándome durante el camino en la iglesia de los Jesuitas de San Andrés del Quirinale, donde se encuentran las reliquias de San Estanislao de Kostka, que vivió en el noviciado contiguo y allí terminó su vida.



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