Tigre Blanco(c.2) by Aravind Adiga

Tigre Blanco(c.2) by Aravind Adiga

Author:Aravind Adiga
Language: es
Format: mobi
Tags: prose_contemporary
ISBN: 9788493662813
Publisher: Miscelánea
Published: 2011-08-30T22:00:00+00:00


FÍRMA O HUELLA DEL PULGAR (BALRAM HALWAI)

DECLARACIÓN HECHA EN PRESENCIA

DE LOS TESTIGOS SIGUIENTES:

KUSUM HALWAI, DE LA LOCALIDAD

DE LAXMANGARH, DISTRITO DE GAYA.

CHAMANDAS VARMA, ABOGADO, TRIBUNAL SUPREMO DE DELHI.

Con una sonrisa afectuosa, el Mangosta me dijo: —Ya se lo hemos contado a tu familia. A tu abuela,.., ¿cómo era su nombre?

—No te he oído bien.

—...m.

—Eso es, Kusum. Fui en coche a Laxmangarh (qué mala carretera, ¿verdad?) y se lo expliqué todo personalmente. Es toda una mujer.

Se frotó los antebrazos y sonrió de oreja a oreja, lo que me demostró que decía la verdad.

—Dice que le enorgullece que hagas esto. También ha accedido a figurar como testigo de la confesión. Esa huella dactilar es la suya, Balram. Justo debajo de donde vas a firmar tú.

—Si es analfabeto, puede firmar con él, pulgar —dijo el hombre del abrigo negro—. Así. —Presionó el aire con el pulgar.

—Sabe escribir. Su abuela me dijo que él ha sido el primero de la familia en aprender a leer y escribir. Me dijo que siempre has sido un chico listo, Balram.

Yo sostuve la hoja, simulando que la leía de nuevo, y noté que me temblaba en las manos.

Lo que le estoy describiendo, señor, es algo que les ocurre a los conductores de Delhi todos los días. ¿No me cree? ¿Piensa que me lo he inventado, señor Jiabao?

Cuando vaya usted a Delhi, repítale la historia que acabo de contarle a algún hombre serio y de fiar de clase media. Dígale que un chofer le ha contado esta historia disparatada, extravagante, increíble; todo este montaje para endilgarle el asesinato que había cometido su amo en una calle. Y observe cómo palidece el rostro de ese hombre serio, de esa persona de fiar de clase media. Observe cómo traga saliva, cómo se vuelve hacia la ventana, cómo cambia de tema enseguida.

Las cárceles de Delhi están atiborradas de conductores que han acabado entre rejas para cargar con la culpa de sus buenos amos, de esa gente tan seria y tan de fiar. Hemos abandonado los pueblos, pero ellos son todavía nuestros dueños, en cuerpo y alma y trasero.

Sí, eso es. Aquí vivimos en la mayor democracia del mundo.

Vaya un chiste de mierda.

¿No protesta la familia del conductor? Al contrario. La familia va por ahí alardeando de ello. Su chico Balram ha pagado los platos rotos y está en la cárcel Tihar para salvar a su patrón. Siempre ha sido leal como un perro. El criado perfecto.

¿Y los jueces? ¿No sospechan de una confesión tan obviamente forjada? Es que ellos también están en el ajo. Cobran su soborno y se desentienden de las incoherencias del caso. Y la vida continúa.

Para todos, salvo para el conductor.

Ya basta por esta noche, señor primer ministro. Aún no son las tres de la madrugada, pero tengo que parar aquí. Sólo de pensarlo me pongo tan furioso que sería capaz de salir ahora mismo y cortarle el pescuezo a algún rico.



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