Ripley en peligro

Ripley en peligro

Author:Patricia Highsmith
Language: es
Format: mobi
Tags: thriller
Published: 2009-01-23T23:00:00+00:00


—Pero ¿por qué todo esto?

—Es una idea —Tom sonrió— que podría resolver muchos problemas... desagradables.

—No quiero verle, señor Ripley. —y colgó.

Tom consideró o sufrió aquel rechazo durante unos segundos, vagó por el estudio de Ed y encendió un cigarrillo.

Marcó el número que había garabateado, volvió a comunicar con la agencia, comprobó el nombre y consiguió la dirección.

—¿Hasta qué hora está abierta su oficina?

—Hum... Hasta las cinco y media, más o menos.

—Gracias —dijo Tom.

Aquella tarde, hacia las cinco y cinco, Tom estaba esperando junto a una puerta de King's Road, donde estaban las oficinas de Vernon McCullen. Era un edificio nuevo y gris que albergaba una docena de empresas, según vio Tom en la lista de firmas de la pared del vestíbulo. Estaba al acecho, buscando a una mujer más bien alta y esbelta con el pelo castaño claro y liso, que no esperaría encontrarle allí. ¿O sí? Tuvo que esperar mucho. A las seis menos veinte, estaba mirando su reloj quizá por decimoquinta vez, cansado de repasar con los ojos todas las figuras y rostros que salían. Eran hombres y mujeres, algunos con aspecto cansado, otros riéndose y charlando, como si estuvieran contentos de haber pasado un día más.

Encendió un cigarrillo, el primero desde su espera, porque muchas veces un cigarrillo —en circunstancias en las que hay que apagarlo enseguida, como cuando llega un autobús que uno espera-ayuda a que ocurran las cosas. Se acercó a la entrada.

—¡Cynthia!

Había cuatro ascensores, y Cynthia Gradnor acababa de salir del que quedaba más a la derecha. Tom tiró el cigarrillo, lo aplastó con el pie, lo cogió y lo echó a uno de los contenedores de arena.

—Cynthia —volvió a decir, porque la primera vez no le había oído.

Ella se paró en seco y su pelo liso resbaló un poco hacia los lados. Sus labios parecían más finos, más rectos de lo que Tom recordaba.

—Te he dicho que no quería verte, Tom. ¿Por qué me molestas así?

—No pretendo molestarte, al contrario. Pero me gustaría hablar cinco minutos... —Tom titubeó—. ¿Nos podemos sentar en alguna parte? —Había visto que había pubs por allí cerca.

—No. No, gracias. ¿Qué es eso tan vital? —Sus ojos grises le lanzaron una mirada hostil, y luego esquivaron su rostro.

—Es algo sobre Bernard. Yo diría que... puede interesarte.

—¿Qué? —dijo ella, casi en un susurro—. ¿Qué es? Supongo que has tenido otra idea desagradable.

—No, al contrario —dijo Tom, moviendo la cabeza. Había pensado en David Pritchard: ¿había algo, alguna idea más desagradable que Pritchard? Para Tom no, de momento. Bajó la vista hacia los zapatos planos y negros de Cynthia, hacia sus medias negras. Estilo italiano, elegante, pero sombrío—. Estaba pensando en David Pritchard, que puede hacerle bastante daño a Bernard.

—¿Qué quieres decir? ¿Cómo? —Cynthia fue empujada por alguien que pasaba por detrás de ella.

Tom tendió la mano para protegerla del empujón, y Cynthia le esquivó.

—Es fatal hablar aquí —dijo Tom—. Lo que quiero decir es que Pritchard no tiene buenas intenciones, ni para ti, ni para Bernard, ni para...

—Bernard está muerto —dijo Cynthia, antes de que Tom pudiera pronunciar la palabra «mí»—.



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