La Hija Del Sepulturero

La Hija Del Sepulturero

Author:Joyce Carol Oates
Language: es
Format: mobi
Published: 2010-11-22T23:00:00+00:00


38

Era la esposa de Niles Tignor e iba a tener un hijo suyo. Fueron días, semanas, meses de incomparable felicidad. Y sin embargo, como cualquier esposa joven, Rebecca cometió un error.

Lo sabía: a Tignor no le gustaba que se comportase de una manera excesivamente amistosa con ningún varón. Se lo había dicho con toda claridad. Se lo había advertido más de una vez. Ahora estaba embarazada, la piel le brillaba, pálidamente oscura, como encendida desde dentro por la llama de una vela. Había a menudo un arrebol en sus mejillas, se quedaba sin aliento, los ojos humedecidos. Sus pechos y caderas eran más amplios, más femeninos. Tignor se burlaba de ella porque comía más que él. Casi parecía, hora a hora, que el bebé que llevaba en el vientre estuviera creciendo.

Por supuesto, aunque Rebecca sabía (gracias al folleto ilustrado Tu cuerpo, tu bebé y tú) que de hecho el «feto» se parecía más a una rana que a un ser humano, en la duodécima semana de su embarazo, durante el mes de mayo, fantaseaba ya con la idea de que el bebé Niles había adquirido rostro y alma.

—Hay hombres a quienes les vuelven locos las mujeres embarazadas. Una mujer hinchada como una condenada ballena, pero con todo y con eso hay hombres que... —la voz de Tignor, desconcertada y desdeñosa, acababa por perderse. Era fácil ver que él, Tignor, no encontraba de su gusto semejante perversión.

De manera que Rebecca se esforzaba por rechazar las atenciones de los hombres. Incluso de hombres de edad. Se mostraba distante e indiferente incluso ante el más inocuo de los saludos: «¡Buenos días!», «Bonita mañana, ¿no es cierto?», lanzados en su dirección por hombres en corredores de hotel, ascensores, restaurantes. Tenía, sin embargo, debilidad por las mujeres. Y ahora, en su embarazo, deseaba con avidez la compañía de mujeres. A Tignor le molestaba que «pegara la hebra» con camareras, dependientas y doncellas durante más de un minuto o dos. Le gustaba que su joven esposa, exóticamente bien parecida, fuese admirada, se mostrase llena de vida y que manifestara tener «personalidad»; pero no le gustaba un exceso de ninguna de aquellas cosas a sus espaldas. En los hoteles en los que Niles Tignor era conocido como huésped frecuente, sabía que el personal hablaba de él, lo sabía y lo aceptaba, pero no quería que Rebecca contase historias sobre él, historias que podían exagerarse al volver a contarlas, convirtiéndolo así en una figura cómica. Y ahora que su mujer estaba embarazada y empezaría pronto a mostrar su estado, era especialmente alérgico.

En mayo de 1955 Tignor regresó de manera inesperada a su habitación en el hotel Henry Hudson de Troy, y se encontró con que Rebecca no sólo «había pegado la hebra» con la camarera que les arreglaba el cuarto, sino que la estaba ayudando a cambiar la cama. En el pasillo, del otro lado de la puerta, Tignor se quedó inmóvil, observando.

Porque allí estaba su mujer, remetiendo hábilmente las sábanas, estirando por un extremo mientras la camarera estiraba por el otro.



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