Instinto de Inez by Carlos Fuentes

Instinto de Inez by Carlos Fuentes

Author:Carlos Fuentes
Language: es
Format: mobi
Tags: Novela Dramática
Published: 2011-05-13T22:00:00+00:00


In mi rinasce —m’agita

Insolito vigore

Ah!Ma io ritorno a vivere...

Era como si Inez Prada, sin traicionar a Verdi, recogiese el macabro inicio de la novela de Dumas hijo, cuando Armando Duval regresa a Paris, busca a Margarita Gautier en la casa de la cortesana, encuentra los muebles en subasta y la noticia fatal: ella ha muerto. Armando va al cementerio de Pere Lachaise, soborna al guardián, llega hasta la tumba de Margarita, muerta unas semanas antes, rompe los candados, abre el féretro y encuentra el despojo de su joven, maravillosa amante en estado de descomposición: la cara verdosa, la boca abierta llena de insectos, las cuencas de los ojos vacías, el pelo negro grasoso y untado a las sienes hundidas. El hombre vivo se arroja apasionadamente sobre la mujer muerta. Oh, gioia!

Inez Prada anunciaba el inicio de la historia al representar el final de la historia. Era su genio de actriz y de cantante, revelado plenamente en una Mimi sin sentimentalismos, aferrada, insufriblemente, a la vida de su amante, impidiéndole a Rodolfo escribir, mujer-lapa codiciosa de atención; en una Gilda avergonzada de su padre el bufón, entregada sin vergüenza a la seducción del Duque, patrón de su padre, anticipando con delectación cruel el merecido dolor del infeliz Rigoletto... ¿Heterodoxa? Sin duda, y por ello fue muy criticada. Pero su herejía, se dijo siempre Gabriel Atlan-Ferrara al escucharla, lo devolvía a esa palabra abusada su pura raíz griega, haireticus, el que escoge.

La había admirado, en Milán, en Paris y en Buenos Aires. Nunca se había presentado a saludarla. Ella jamás supo que él la escuchaba y la miraba de lejos. La dejaba desarrollar plenamente su herejía. Ahora, los dos sabían que habrían de encontrarse y trabajar juntos por primera vez desde la blitz del año 1940 en Londres. Se iban a reunir porque ella lo había pedido. Y él sabia la razón profesional. La Inez de Verdi y Puccini era una soprano lírica. La Margarita de Berlioz, una mezzosoprano. Normalmente, Inez no debía cantar ese papel. Pero ella había insistido.

—Mi registro vocal no acaba de ser explotado o puesto a prueba. Yo sé que puedo cantar no sólo Gilda o Mimi o Violeta, sino Margarita también. Pero el único hombre que puede revelar y conducir mi voz es el maestro Gabriel Atlan-Ferrara.

No añadió «nos conocimos en Covent Garden, cuando yo cantaba en el coro del Fausto».

Ella escogía y él, llegando a la puerta del apartamento de la cantante en la ciudad de México durante el verano de 1949, escogía también, heréticamente. En vez de aguardar al encuentro previsto para los ensayos de La Damnation de Faust en el Palacio de Bellas Artes, se tomaba la libertad —acaso cometía la imprudencia— de llegar hasta la puerta de Inez a las doce del día, ignorándolo todo —estaría dormida, habría salido ya— con tal de verla a solas y en privado antes del primer ensayo previsto para esa misma tarde...



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