Mis amigos, mis amores(c.1) by Marc Levy

Mis amigos, mis amores(c.1) by Marc Levy

Author:Marc Levy
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-08-18T22:00:00+00:00


Capítulo 11

El día llegaba a su fin. Sophie acompañó a Antoine y a los niños hasta la puerta de la casa. A Louis le habría gustado que le ayudara a hacer los deberes, pero le explicó que también ella tenía sus propios deberes.

—¿No te quieres quedar un rato? —insistió Antoine.

—No, me voy a casa, estoy cansada.

—¿Merecía la pena abrir en domingo?

—He obtenido parte de los beneficios del mes, así podré cerrar algunos días.

—¿Te vas de vacaciones?

—De fin de semana.

—¿Dónde?

—Todavía no lo sé, es una sorpresa.

—¿El hombre de las cartas?

—Sí, el hombre de las cartas, como dices tú; voy a reunirme con él en París y después me llevará a algún sitio.

—¿Y no sabes adonde? —insistió Antoine.

—Si lo supiera ya, no sería una sorpresa.

—Espero que me lo cuentes a la vuelta.

—Tal vez. De repente, te veo muy curioso.

—Perdona mi indiscreción —repuso Antoine—, me meto donde no me llaman. Al fin y al cabo sólo llevo haciendo de Cyrano de Bergerac desde hace seis meses, escribiendo esas cartas de amor en tu lugar; no veo por qué eso habría de darme algún derecho a compartir las buenas noticias... Ah, pero cuando uno se va de fin de semana, sobre todo, no debo preguntar nada, sólo debo aprovechar tu ausencia para rellenar mi pluma, pues cuando vuelvas, en el momento en que lo añores o sientas morriña, vendrás a pedirme que vuelva a coger mi pluma y que escriba una nueva carta que haga que se enamore todavía un poco más, pero en el momento en que vuelva a invitarte a pasar un fin de semana, no te molestes en decirme nada.

Con los brazos cruzados, Sophie miraba fijamente a Antoine.

—¿Ya está, has terminado?

Antoine no respondió, no apartaba la mirada de la punta de sus zapatos, y la expresión de su rostro hacía que se pareciera en cada rasgo a su hijo. A Sophie le costaba mantener su seriedad. Lo besó en la frente y se alejó calle abajo.

La noche caía sobre Westbourne Grove. Una joven que llevaba un abrigo demasiado grande para ella se sentó en el banco que había delante de la parada del autobús.

—¿Tiene usted frío? —preguntó ella.

—No, estoy bien —respondió Mathias.

—Pues nadie lo diría.

—Hay domingos así.

—Sí, yo he tenido muchos —dijo la joven, levantándose.

—Buenas noches —dijo Mathias.

—Buenas noches —dijo la joven.

Él la saludó con un gesto de cabeza; ella hizo lo mismo y subió al autobús que acababa de llegar. Mathias la vio irse y se preguntó dónde había podido conocerla.

Después de la cena, los niños se habían dormido en el sofá, agotados tras la tarde en el parque. Antoine los llevó a su cama. De vuelta al salón, disfrutaba de un momento de calma. Se fijó en la cartera de Mathias, que se había dejado olvidada en la cesta que les servía para dejar las llaves y lo que uno lleva en el bolsillo. La abrió y tiró lentamente de la esquina de una foto que sobresalía. En esa foto arrugada por su antigüedad, Valentine sonreía con las manos colocadas sobre su barriga redondeada; era el testimonio de otros tiempos.



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